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PRENSA DE UVAS
 

 PRENSA DE UVAS PARA ELABORAR VINO Y PISCO

 

[Foto de la prensa colonial para presionar la uva]

Motocachy es un anexo poblado de San Jacinto donde se siembra uva y se elabora vino y pisco desde la época colonial.

Motocachy, etimológicamente, proviene de las palabras quechuas moto (cortar)  y cachi (sal). Este nombre tiene su origen en la presencia de alguna salina en este lugar. Como se sabe, en épocas prehispánicas y coloniales, personas particulares cortaban la sal en los lugares donde abundaba (salina) para luego transportarlos hasta los lugares donde se comercializaba. En el pueblo de Motocachy debió existir una salina lo cual dio origen a su nombre, aunque ahora no quedan rastros de ella. La explicación de que la palabra Motocachy proviene de mote y cachi es falsa, ya que es imposible que la palabra mote cambie a moto, y, además, la simple unión de mote y cachi no forman una palabra gramaticalmente correcta y tampoco describen adecuadamente las características geográficas o algún rasgo cultural del lugar.

Los jesuitas, en la época colonial, siembran la vid y elaboran un vino de excelente calidad, y luego se producirá el Pisco de Motocachy. Ambos han alcanzado fama nacional e internacional.  La prensa que vemos en la fotografía de arriba es de origen colonial y servía para aplastar la uva a fin de obtener el jugo necesario para fermentarlo y, así, producir vino y pisco.

Los licores de Motocachy son famosos y puede hallarse referencias en ciertas obras de Ricardo Palma y de Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa, en la segunda parte, capítulo III, párrafo cuarto, de La ciudad y los perros, (Décima edición. Barcelona: Seix Barral, 1972) escribe sobre el Pisco de Motocachy:

  Alguien, en una esquina del bar, brinda por una mujer: otros contestan y repiten un nombre. La campanilla del telefono sigue llamando, con intervalos idénticos. "¿Quién es?", dice una voz. Queda mudo; su garganta es un trozo de hielo. La sombra blanca que está al frente se mueve, se aproxima. "El teniente Gamboa, por favor, dice Alberto". "Whisky americano, dice la sombra, whisky de mierda. Whisky inglés, buen whisky".  "Un momento, dice la voz. Voy a llamarlo". Tras él, el hombre que brindaba, ha iniciado un discurso. "Se llama Leticia y no me da verguenza decir que la quiero, muchachos. Casarse es algo serio. Pero yo la quiero y por eso me caso con la chola, muchachos". "Whisky, insiste la sombra. Scotch. Buen whisky. Escocés, inglés da lo mismo. No americano, sino escocés o inglés". "Aló", escucha. Siente un estremecimiento y separa ligeramente el auricular de su cara. "Sí, dice el teniente Gamboa. ¿Quién es?". "Se acabó la jarana  para siempre muchachos. En adelante, hombre serio a más no poder. Y a trabajar duro para hacer dinero y tener contenta a la chola". "¿Teniente Gamboa?", pregunta Alberto. "Pisco de Montesierpe, afirma la sombra, mal pisco. Pisco Motocachi, buen pisco". "Yo soy. ¿Quien habla?". "Un cadete, responde Alberto. Un cadete de quinto año". "Viva mi chola y vivan mis amigos". "¿Qué quiere?". "El mejor pisco del mundo, a mi entender, asegura la sombra. Pero rectifica: O uno de los mejores, señor. Pisco Motocachi". "Su nombre", dice Gamboa. "Tendré diez hijos. Todos hombres. Para ponerles el nombre de cada uno de mis amigos, muchachos. El mío a ninguno, sólo los nombres de ustedes". "A Arana lo mataron, dice Alberto. Yo sé quién fue. ¿Puedo ir a su casa?". "Su nombre", dice Gamboa. "Quiere usted matar a una ballena? Déle pisco Motocachi, señor". "Cadete Alberto Fernández, mi teniente. Primer sección. ¿Puedo ir?". "Venga inmediatamente, dice Gamboa. Calle Bolognesi, 327. Barranco". Alberto cuelga. [en negrita resaltado por nosotros]. 

Ricardo Palma, el gran escritor peruano,  en sus Tradiciones peruanas completas (Edición y prólogo de Edith Palma. Madrid: Aguilar, 1968) menciona al vino de Motocachy que ya que en tiempos coloniales fue famoso siendo degustado por los virreyes en sus banquetes en el palacio de Lima. También fue enviado al rey de España. 

En una de las tradiciones llamada “El mes de diciembre en la antigua Lima  leemos lo siguiente:

 “La Nochebuena, con su misa de Gallo, era el no hay más allá del criollismo.

Desde las cinco de la tarde del 24 de diciembre los cuatro lados de la Plaza Mayor ostentaban mesitas, en las que se vendian flores, dulces, conservas, juguetes...

A las doce, sólo el populacho quedaba en la plaza multiplicando las libaciones. La aristocracia y la clase media se encaminaban a los templos, donde las pallas cantaban en el atrio villancicos...

A la misa del Gallo seguía en las casas opípara cena, en la que el tamal era el plato obligado. Y como no era higiénico echarse en brazos de Morfeo tras una comilona bien mascada y mejor humedecida con buen tinto de Cataluña, enérgico jerez, delicioso málaga y alborotador quita-pesares (vulgo, legítimo aguardiente de Pisco o de Motocachi), improvisábase en familia un bailecito, al que los primeros rayos del sol ponían remate". [en negrita resaltado por nosotros].

 

En otra tradición llamada 'Gajes del oficio' que pertenece al conjunto que lleva por título "El Virrey de la adivinanza", leemos:

"Nuestro reverendo, que así hilvanaba un sermón como devoraba un pollo en alioli o una sopa teóloga con prosaicas tajadas de tocino, hizo cumplido honor a la mesa de su excelencia; y aun agregan que se puso un tanto chispo menudeando tragos de catalán y valdepeñas, vinos que, sin bautizar, salían de las moriscas cubas que el marqués reservaba para los días de mantel largo, junto con el exquisito y alborotador aguardiente de Motocachi". [en negrita resaltado por Palma].