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HALLOWEEN, FIESTA PAGANA Y ALIENANTE
Por Aris Castillo Rodríguez (estudiante del Colegio San Jacinto)
Halloween actualmente es una celebración festejada en su mayoría por católicos,
sin saber que la Iglesia Católica hizo todo por desterrarla. Lo cierto es que
Halloween se ha convertido en una fiesta muy popular celebrada por grandes y
chicos de casi todas las partes del mundo.
Frente a esto la pregunta más saltante sería: ¿puede ser bueno una fiesta donde
sus personajes caracteristicos son brujas, muertos, fantasmas y calaveras cuyo
objetivo principal es atemorizar? Quizás la respuesta más rotunda sería no.
Para alguno, Halloween es una fiesta satánica, para otros es sólo una fiesta con
fines comerciales que hace ganar mucho dinero, y hay quienes creen que es
simplemente una fiesta de disfraces. La mayoría piensa que la noche de brujas es
sólo una fiesta de disfraces; pero en sí es algo más que eso.
Se piensa que esta actividad proviene de un tiempo muy anterior al cristianismo,
en el que los antiguos celtas celebraban la fiesta de Samhain. Según su creencia
popular en ese ritual se abría la puerta que conectaba el mundo humano con el
mundo sobrenatural, permitiendo que espíritus buenos y malos vaguen por toda la
Tierra. Se decía que las almas de los muertos regresaban a sus casas, por eso
sus familiares preparaban comida y bebida para recibirlos con el objetivo de
apaciguarlos y protegerse del mal; en la actualidad los niños amenazan con hacer
travesuras si es que no les dan golosinas.
Saliéndonos del tema oscuro que puede encerrar Halloween, entramos a otro
aspecto. Todos sabemos que el 31 de octubre además de celebrarse Halloween se
conmemora el Día de la Canción Criolla, que forma parte de nuestra identidad
nacional, pero -como es sabido y demostrado- la mayoría de jóvenes prefieren
celebrar la noche de brujas a festejar algo que los identifique más con su
patria. Esto se debe al enorme grado de alienación que nos caracteriza. Gran
parte de los peruanos, muy lejos de preferir lo nuestro, trata de imitar lo de
afuera, lo extranjero, lo que vemos en la televisión y esto se demuestra en la
manera de vestir, hablar de compromisos, entre otros.
Cada vez vamos perdiendo más algo muy importante y necesario: nuestra identidad,
somos alienados, poco a poco vamos perdiendo nuestras costumbres hasta
convertirnos en simples imitadores, es decir somos peruanos con patrones
extranjeros. El Perú es precioso y vale mucho y es éso lo que debemos valorar.
Hace poco escuché en clase a mi profesor decir: "los llanques duran más que
cualquier par de zapatos y sandalias, sin embargo cuestan menos". No trato de
decir que que todos debemos usar llanques, sino que debemos apreciar lo nuestro,
ponerlo antes que lo demás. Si los extranjeros valoran y se fascinan con nuestra
cultura, ¿por qué nosotros no?
LA CRUDA REALIDAD DE LOS TRABAJADORES AZUCAREROS
Oscar Vivanco
Bajo la premisa de que el modelo cooperativista era ineficiente y que ahuyentaba
la inversion privada en el sector azucarero, el gobierno fujimorista optó por
expedir a fines de 1995, el Decreto Legislativo 802: Ley de Saneamiento
Económico de las Empresas Agrarias Azucareras.
Una de las fórmulas de saneamiento que contemplaba esta norma, era la
condonación por parte del Estado del 70% de la deuda tributaria de la empresa a
condición de que los trabajadores capitalicen cuando menos el 50% de sus CTS y
el íntegro de sus demás adeudos laborales. Por el 30% de la deuda restante el
Estado realizaría un aporte de capital y pasaría a convertirse en accionista de
la empresa, previo cambio de ésta a sociedad anónima. De esta forma, el
porcentaje estatal capitalizado se incluyó en el proceso de promoción de la
inversión privada y el Estado pasó a tener injerencia en los procesos de venta
de la azucareras, creándose el CEPRI azucarero.
Pero lejos de actuar con imparcialidad y transparencia, el Ejecutivo direccionó
a su antiojo los procesos de venta para beneficiar a un grupo de oportunistas,
que aprovecharon la coyuntura para adquirir el control de las ex cooperativas
por sumas irrisorias.
El CEPRI azucarero faltó a su deber de asesorar debidamente a los trabajadores
en la venta de las acciones y en ocasiones interfirió abiertamente en las
atribuciones de las "Comisiones de Venta" designadas por éstos. Algunas
azucareras se transfirieron mediante subastas cuyas bases dolosamente se
redactaron de manera ambigua o incluían mecanismos poco usuales como el de una
"consulta", que aprovechando la crítica situación económica de los trabajadores,
permitían que las acciones fuesen vendidas a precios muy por debajo del precio
base. Incluso en algunas transferencias como en la de Pucalá, el Ejecutivo
intervino abiertamente emitiendo diversos decretos de urgencia (DU 037-99 y DU
049-99) a efecto de favorecer la adquisición del Consorcio Cromwell Assets en la
rueda de bolsa.
En otros casos como el de Agroindustrias San Jacinto, el Gobierno, a través de
una norma retroactiva (DS 041-96-PCM) convalidó una transgresión al mercado de
valores por parte de la adquiriente, Corporacion de Inversiones Progreso, al
haber adquirido ésta más del 49% del accionariado sin realizar una Oferta
Pública de Adqusición, lo cual hubiera permitido a los trabajadores vender sus
acciones a un mejor precio.
No obstante, lo más grave del asunto radica en que en ningún momento se explicó
a los trabajadores que capitalizaron su CTS y demás beneficios laborales que
podían existir diferencias sustantivas entre el valor nominal al cual
capitalizaban sus acciones y el valor "realizable" de éstas. Vale decir, que si
por 10 soles de beneficios y adeudos laborales capitalizados el trabajador
recibía una acción por un valor nominal de 10 soles, en el mercado esa acción no
valía 10 soles sino 1 sol, lo cual automáticamente implicaba una merma del 90%
de los beneficios sociales de los trabajadores.
Asi, muchos trabajadores luego de 35 ó 40 años de servicios a la empresa han
recibido por concepto de beneficios sociales un 10% o quizás menos, de lo que
les correspondía. Ello deviene en una tremenda injusticia ya que un debido
asesoramiento puedo encontrar un equilibrio entre el valor nominal de las
acciones y su valor de mercado.
No obstante, la peor parte la llevaron aquellos que capitalizaron sus adeudos
laborales, pero se rehusaron a vender las acciones recibidas, manteniendo su participación
accionaría. Por ejemplo, en
el caso de San Jacinto, un 35% de accionariado está en dicha situación y el
valor realizable de la acción es actualmente irrisorio, ya que nadie tiene
interés en adquirir acciones de una empresa en la que no posee la prima de
control.
La situación de los minoritarios se torna cada vez más crítica a consecuencia de
las sucesivas capitalizaciones de deuda tributaria que realiza el Estado, las
cuales progresivamente van "licuando" su participacion accionaria.
Una de las principales promesas electorales de Alejandro Toledo fue apoyar al
sector agrario. No obstante, un apoyo integral a este sector no puede soslayar
la realidad de los miles de trabajadores perjudicados por las arbitrariedades
del fujimorismo. En tal sentido, urge que tanto el Ejecutivo como el Parlamento
adopten medidas concretas para resarcir los derechos laborales pisotedos de
miles de trabajadores azucareros, cuya cruda realidad parece desconocer el
grueso de la población.
(Lima, 13.8.2002) |