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ENTREVISTAS
 

 SRA. JEAN LESLEY ROY DE VIGORS
(desde España)

 


Foto. Jean y Patrick Vigors

Jean Lesley Roy fue esposa de Patrick Vigors. ¿Quién es Vigors?, se preguntarán los nuevos y los jóvenes san jacinteños. Vigors fue un inglés que administró la Hacienda San Jacinto entre 1949 y 1958 y es recordado por su eficaz labor y sensibilidad social. La señora Jean es su viuda y reside en España, lugar donde el señor Vigors falleció hace dos años.
Esta entrevista recupera una parte de nuestra historia. Agradecemos las molestias que le ha ocasionado a la Sra. Jean absolver nuestras preguntas.



-Sra. Jean, ¿dónde y cuándo nació?
Nací en el Callao, el 26 de octubre de 1934. Soy hija única de William Taylor Roy y Mary Hutchinson. Estudié en el Colegio Inglés San Silvestre junto con los hijos de Harrison (ex administrador de San Jacinto), los tres hermanos Lindsay y también con Janice Beer quién se casó con Edward (Teddy) Lindsay. Mi padre fue escocés y yo terminé mis estudios en un colegio de Escocia.

-¿Cómo fue su niñez?
Viví en La Punta y de pequeña yo era terrible, no había árbol o paredón a que no me trepara y volvía a casa con los vestidos destrozados.

-¿Cuándo y dónde conoció al Sr. Patrick?
En Lima, en 1951. Yo había regresado de Escocia y estaba trabajando en la IBM como secretaria del representante latinoamericano, Carlos Vidal. Nos casamos en Lima el 3 de octubre de 1953 en la Iglesia Anglicana del Buen Pastor en Miraflores. Gabor Kende fue uno de los testigos y los hijos mayores de Rodney Lockett y Audrey Anne fueron paje y damita. Ashu Saénz estuvo en mi casa durante los últimos preparativos pues él había traído a Patrick a Lima.

-¿Cuándo llegaron a San Jacinto?

Patrick llegó en 1949, contratado por los Lockett. Poco después de su llegada hubo un accidente ferroviario horrible en el valle. El entonces administrador McMillan tuvo problemas por la sublevación de los trabajadores y dimitió. Entonces los Lockett decidieron nombrar a Patrick como administrador.

-¿Dónde nació su esposo?
En Inglaterra, el 21 de mayo de 1927, tercer hijo de una familia vinculada a Irlanda del Sur, y aficionados a la crianza de caballos de carrera. Patrick combatió como voluntario en la Segunda Guerra Mundial desde los 17 años y obtuvo el rango de capitán a los 19 años.

-¿Qué hizo antes de llegar a San Jacinto?
La guerra terminó y Patrick optó por ser transferido a la Fuerza Trans Jordana, del último regimiento a caballo. Estuvo con ellos durante casi 3 años hasta que disolvieron el regimiento. Durante su estadía tuvo el gran honor de enseñar al entonces Príncipe Hussein a montar a caballo. Hussein llegó a ser el muy apreciado Rey de Jordania durante muchos años.

-¿Cuánto tiempo les llevó acostumbrarse a San Jacinto?
Patricio se esmeró en aprender castellano y se adaptó bien. Le encantaba las corridas de toros. Adaptarme a la vida de campo después de vivir en Lima, no fue fácil, pero me esforcé en aprender a montar a caballo y recorrer todo el valle.

-Dicen que el Sr Vigors siempre estaba pendiente de sus trabajadores...
Su afán más grande fue mejorar la situación de los trabajadores contratados que vivían bajo condiciones casi insoportables. Tuvo grandes batallas con los jefes de Liverpool para convencerles de invertir en buenos alojamientos para los trabajadores, etc. Patrick hizo reconstruir muchas viejas acequias incaicas, y la búsqueda de pozos de agua para el cultivo era una de sus prioridades.

-¿A qué personas recuerda de aquella época?
Recuerdo con mucho afecto al Ing. Jorge Baldwin que conoció a mi abuelo y que le dió tanto apoyo a Patrick. En especial a Ashu Saénz que guió a Patrick en conjunto con Timo Kishijara (jefe del sindicato de trabajadores).Al maestro chalán Crespo y a todos los de la caballeriza. A los entrenadores de los gallos de pelea. Al jardinero de la huerta de la casa alta, Komori. A la familia Salazar. A los choferes Wooton y Rojas. A la Sra. Ildafonsa que fue ama de llaves de Patrick y que lo cuidó con tanto esmero a él y a mí durante toda nuestra estancia. Y tantísimos más...

-¿Conoció los restos arqueológicos de nuestro valle? ¿Sabe si llegó algún investigador?
Durante mi época vino a un arqueólogo alemán y su mujer. El descubrió un arco incaico. Yo salía con ellos como guía e intérprete. El publicó un libro que nos mandó. Lo prestamos pero nunca lo devolvieron. Lástima.

-¿Qué aficiones tenía su esposo?
Patrick era aficionadísimo a la crianza del caballlo de paso peruano. Tuvo el honor de ser el único "gringo" miembro del comité de socios. Hacían grandes competencias de carrera y presentación y aguante, y lo que más lo entusiasmaba era la mejoría de las mulas de trabajo con las cuales ganaron muchos trofeos. También se interesó en la crianza de gallos de pelea. Formaron un sindicato en conjunto con los trabajadores en forma de cooperativa. Patrick viajaba por el Perú, cuando podía, buscando gallos de origen japonés, y jugando, etc.

-¿Y las fiestas patronales?
Yo recuerdo con mucha alegría la gran fiesta patronal de San Jacinto, con música, mucho pisquito, mucha comida criolla, y mucho baile.

Gabor Kende y Patrick Vigors -¿Qué sabe del Sr. Lindsay y del Sr. Kiendl?
Gabor Kende le podría contar más de Teddy Lindsay. Janice, la viuda de Teddy, vive en Miami. Gabor me dió su dirección cuando me enteré del fallecimiento de Teddy, pero creo que no era correcta.

-¿Qué platos de la comida peruana prefería?
Con tanto gusto recuerdo la causa, los olluquitos con charqui, los anticuchos, las papas a la huancaína, el cebiche, el arroz con pato, los cuyes en salsa picante, los tamales, las humitas, la mazamorra morada, el arroz con leche con mucha canela, el chupe de camarones, etc.

-¿Cuánto tiempo vivieron en San Jacinto?
Patrick estuvo en San Jacinto un total de 9 años. Yo, 3 y medio.

-¿Qué idiomas habla?
Español, pues fui educada en Lima y es mi lengua natal, con inglés como segundo idioma. Me hubiera gustado hablar quechua. De pequeña me sabía todos los nombres de los incas y su civilización siempre me ha intrigado.

-¿Durante su gestión, el Sr. Vigors tuvo problemas con los trabajadores?
Gracias a Timo Kishijara, durante la administración de Patrick no se perdió un día de trabajo, mientras que en otros ingenios tuvieron problemas, por ejemplo en Casa Grande, propiedad de la familia Gildemeister.

-¿Qué música recuerda?
Solamente recuerdo los huaynitos, valsecitos criollos y marinera.

Foto del galgo Zambo-¿Tuvieron mascotas?
De recién casados, Patrick tenía 3 perros de cruce entre mastín y gran danés. Uno de éstos, negro, con las orejas cortadas y ojos verdes se llamaba Tuno. Se lo habían dado a Patrick en vez de pagarle una deuda. El perro había sido muy maltratado y se encamotó conmigo y fue como una sombra: me acompañaba hasta al bañarme. Después nos dieron un galgo, a quién la Sra. Ildafonsa le puso el nombre de Zambo porque de cachorro tenía el pelo muy crespo, que parecía una araña negra con sus patas muy finas. Ildafonsa le daba aceite de bacalao y mucha comida intentando engordarlo. Me regalaron un gatito negro -le puse por nombre Félix-, pero resultó ser hembra y le tuvimos que cambiar el nombre a Felicidad al tener cría. La Sra Ildafonsa tenía un don con los animales: perros, gatos, pollos y palomas convivían con nosotros en paz y tranquilidad.

Patrick y yo visitamos la Hacienda Huando de los Srs. Graña. Al irnos nos regalaron dos cabritos huachos (macho y hembra) de raza anglo nubia (negros, con orejas caídas, marrones y muy grandes al crecer). Les pusimos los nombres de Hansel y Gretel y los criamos con biberón. Luego los colocamos en la huerta de Komori. Gretel falleció al intentar parir. No había veterinario en el valle. Hansel se puso insoportable y al verme se me abalanzaba con saludos y su tristeza. Komori me decía que él necesitaba estar con un rebaño de cabras. Se lo dimos al pastor de cabras del valle y cuando yo me paseaba a caballo, al ver a Hansel, silbaba y él se acercaba con todo el rebaño detrás, mostrándome la estampa que había conseguido. Las cabras son muy inteligentes.

-¿Es usted católica?
Patrick y yo somos anglicanos, pero atendíamos misa en la capilla de la Casa Alta en ocasiones como bodas, comuniones y bautizos.

-Cuando dejaron San Jacinto, ¿a dónde se fueron?

Tuvimos 47 años juntos con una vida muy interesante. Del Perú nos fuimos a un ingenio azucarero en Tucumán (norte de Argentina). Allí nació nuestra segunda hija. Luego nos contrató la Cía. Liebig´s que hacía el famoso Corned Beef Fray Bentos (embutido de carne en latas). Patrick fue nombrado Gerente General de la empresa en Paraguay conduciendo un imperio de haciendas ganaderas y pasamos allí 5 años. Después, la Cía. nos trasladó a Buenos Aires nombrando a Patrick Director General para Sudamérica con tierras en Argentina, Brasil y Uruguay.

De Argentina nos transfirieron a Inglaterra, nombrando a Patricio como Director de toda la empresa.

-¿Y que fue de sus padres?
Durante nuestra estadía en Inglaterra recibí noticias de que mi padre -William Roy- estaba enfermo. Fuí al Perú y encontré que tenía un tumor cerebral inoperable. El cirujano lo operó cortando los nervios para prevenir más sufrimiento y le dió unos 6 meses de vida. Mientras tanto la situación política en el Perú iba de mal en peor. Luego, Patrick viajó solo a Lima intentando rescatar, en parte, el negocio que había montado con Braulio Guardia: la Ferretería del Centro. Durante su visita sucedió el terremoto horrendo que destrozó San Jacinto -aparte del horrible sismo de Lima. Teddy Lindsay y Patrick fueron a San Jacinto con provisiones para intentar ayudar a los san jacinteños. Escuché la noticia en Londres y pensé que había quedado viuda y huérfana a la vez. Por suerte, Patrick pudo enviarme un telegrama (se habían cortado los teléfonos) diciendo que él y mis padres estaban bien.

-¿Y su madre?
Después del fallecimiento de mi padre pudimos sacar a mi madre del Perú bajo el pretexto de una operación a la vista, con solo 3 mil dólares! Despues de una vida de trabajo, me pregunto, ¿dónde está la justicia? Gracias a Dios, mi madre estuvo con nosotros desde ese momento y disfrutó de sus nietas cuando nos jubilamos en España. En primer lugar, compramos dos apartamentos en San Pedro de Alcántara que los unimos, pero con una sección para ella donde se sentía independiente y a la vez muy acogida con el clima y el cariño andaluz. Falleció de cáncer, pero esta vez, gracias a Dios, con Patricio y conmigo sin tener que ser hospitalizada o en soledad.

-¿Conoce leyendas sobre San Jacinto?

El Sr. Harrison -ex administrador de San Jacinto-, me contó que existía un tesoro enterrado debajo del suelo del salón de la Casa Alta. Le pregunté por qué no la había desenterrado él, y me contestó que le habían dicho que traía mala suerte.

En la Casa Alta había una habitación donde se decía que vagaba el fantasma de una mujer rubia de los tiempos de los Jesuitas. Patrick decidió encerrar a los perros en esta habitación de noche. Al llegar la medianoche los perros desesperados destrozaron la puerta. Patrick condenó la habitación con ladrillos.

-¿Conoció a Ronald Gordon, quien fue funcionario de la Hacienda San Jacinto, y quien ha escrito varios artículos sobre nuestra tierra?
Ronnie Gordon era el "gringo" más acriollado de todo el Perú. Le encantaban las jaranas y fue gran amigo de mis padres. Patrick y yo lo invitabamos a quedarse con nosotros en San Jacinto y él nos acompañaba a corridas de gallos en Ica, Trujillo, Chiclayo, etc. Antes de las peleas siempre se ponía un ají en el ojal -para traer suerte-, lo cual daba resultado, pues ganábamos! Yo le pedí que me enseñara a bailar la marinera, pero me dijo que yo no tenía la gracia de mi madre! El se portaba siempre como un dandy, con un clavel o una rosa en el ojal. Simpatiquísimo, muy querido por todos, con un don de gente único. No sé nada de su familia. El tenía un hijastro al cual conocimos, pero perdimos contacto con él y su mujer.

-Cuéntenos una anécdota que le haya sucedido en San Jacinto...
Hay tantas que no sé por dónde empezar. El maestro chalán Crespo decidió enseñarme la doma del caballo de paso. El y Patrick me asignaron al caballo Rocio y yo salía con Crespo a las 6 de la mañana a un lugar escondido donde él entrenaba a los caballos. Un gran honor para mí. El Rocío le tenía alergia al agua y no quería cruzar o saltar acequias, por lo que o tenía que dar una vuelta larguísima o persuadirlo a saltar con resultados horribles para mí! Además, Patrick y Gabor decidieron enseñarme a montar a la inglesa. Patrick compró un ex- caballo de polo que tenía la boca más dura que una piedra, por lo que eso era una tortura: montarlo sin sillas ni estribos. Todo esto sucedia dentro del ruedo del caballerizo, con ellos sentados en el paredón, matándose de risa de mis piruetas fuera de control.

-¿Tiene noticias de Gabor Kende? ¿Y de los otros extranjeros que trabajaron en San Jacinto?
Gabor y Rosa Kende vinieron a España en 1999 y los vimos un par de veces, pero ya Patricio estaba en declive. John y Pat Baugh tambien estuvieron por aquí hace unos doce años, ellos viven en Stanford (EUA). John era el contable de San Jacinto en Lima. No tengo noticias de la familia de Rodney Lockett. Richard Lockett y su mujer Mary Edna eran vecinos de mis padres en la calle Nicolas de Rivera, en Orrantia; su hija Beatriz se casó en Inglaterra, tuvo 3 niñas, y vive en Wimbledon. Invitaron a mi madre a unas navidades, pues nosotros vivimos en Wimbledon al llegar a Inglaterra desde Argentina.

-¿Qué recuerda más de San Jacinto?
Lo que más destaca en mi memoria del valle de Nepeña es Motocachy, que me parecía un jardín del Edén. Se cultivaba uvas, café, paltas, mangos, chirimoyas y yo creo que hubiera brotado un bastón al sembrarlo. Había un alambique y se producía un pisco buenísimo.

-Dicen que la caña de San Jacinto es incomparable y que convierte a los foráneos en san jacinteños de corazón...

Siempre me intrigó que la caña de azúcar peruana fuera tan superior a las demás, pues se cultivaba bajo riego controlado y mucho abono. Tuve la oportunidad de visitar un ingenio de azúcar en Cuba y en Luisiana (EUA), y, comparados con la de San Jacinto, parecían espárragos.

-¿Todavía se sembraba algodón en San Jacinto en la época en que usted vivió allí?
Sí, y me intrigaba su siembra en la parte baja del valle, con un resultado de calidad "pima" comparable en calidad con lo mejor de Egipto. Otra vez por riego controlado y biológico. El control biológico se efectuaba recogiendo mariquitas en botellas y soltando tantas por surco. Estas se comían las larvas que ponían ciertas moscas que arruinaban el algodón (bol-weevil) al brotar.

Despedida a los esposos Vigors-Como los despidieron de San Jacinto?
Los trabajadores hicieron un desfile de vehiculos y maquinaria adornados con flores, hojas, caña de azúcar, etc. Al final del desfile llevaron al caballo favorito "Elegante" sin montura prometiendo jubilarlo, llegado el momento, para su debido descanso. Patrick y yo no pudimos contener las lágrimas pues él y Crespo me dejaban montar a Elegante, que era una seda. Cierta vez, cuando vino la Sra de Rodney Lockett, Audrey Anne, ésta intentó montarlo, pero como ella era un poco más pesada que yo, el muy actor "Elegante" comenzó a cojear. Era el único caballo que conocimos que se tiraba al suelo para dormir y roncaba como un hombre. Recuerdo que la primera vez, paseando cerca del caballerizo, escuché los ronquidos y le dije a Patrick: "alguien se ha metido a dormir y debe ser un gigante".

-Continue contándonos sobre la despedida...
Contrataron unos fuegos artificiales fabulosos, con corridas de toros, peleas, fragatas,etc. La famosa banda de música Hoyos tuvo que tocar sin parar los 3 dias y noches que duró la jarana. Nosotros estabamos emocionados con los regalos de despedida que nos dieron con tanto aprecio y esfuerzo.

-¿Y los regalos?
Una cigarrera de plata labrada a mano con motivos incaicos de los empleados de San Jacinto; un plato con el escudo peruano de los empleados del Hospital; y una bandeja de plata con un mapa del valle de Nepeña, detallado y nombrado. La bandeja quedará para nuestros nietos, pero las otras cosas siempre han vivido con nosotros en cualquier sala que hemos tenido (habiendo recorrido casi medio mundo). Aun conservo la silla de montar de Patrick con pellón, riendas, estribos... en un rincón de la sala.

-Finalmente, un mensaje para los san jacinteños.
Lo único que puedo añadir a lo intentado decir es un abrazo fuertísimo y mi esperanza de que el valle pueda surgir nuevamente y dar empleo a todos los interesados. Nunca olvidaré el cariño y afecto de todos los que conocí.